Fui a ver Ágora, la nueva de Amenábar. Y dejando al margen algunas pesquisas históricas que bien merecen un serio debate (como eso de que ¡Cirilo fuese contemporáneo a Hipatia!). Lo cierto es que me encontré una película bastante predecible. Un espectáculo con ansias de grandiosidad pero que maneja un lenguaje bastante simple y tendencioso. Es cierto que Amenábar no pierde parte de su esencia y maneja bastante bien los tiempos, sabe cuando introducir nuevos quiebros en la trama, y denota su arte para sostener continuamente el hilo argumental de forma que te pegues al asiento.
Pero a los que nos gusta la historia quizás nos hemos encontrado una visión exageradamente simplista de la realidad. Quizás esta forma de presentar la decadencia del paganismo y el florecer de la religión cristiana adolezca de ciertos tintes maniqueos que, probablemente, se alejen en parte de la realidad. A mi gusto Amenábar da una versión demasiado belicosa de la convivencia religiosa tardo-pagana en un intento de asemejar las revueltas de la época con las turbas fariseas de la modernidad. No soy precisamente un defensor de la fe cristiana pero me pregunto si a lo mejor esta animadversión hacia el personaje de Hipatia de Alejandria desde el paleocristianismo no es algo exagerada. A fin de cuentas no olvidemos que el mismísimo Rafael allá por el año 1512 pintaba a Hipatia junto a Parménides y Pitágoras en su fresco de la Escuela de Atenas. Quizás su sombra no fue tan corta como se piensa. Quizás la misma tradición alto medieval a la que acusamos de terminar cruelmente con su legado, fue la que condujo en brazos hasta Rafael la memoria de tan ilustre pensadora. Porque a fin de cuentas es una peli, y Amenábar un friki de las pelis de suspense.

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